Nunca puede haber un hombre tan perdido como alguien que se pierde en los vastos e intrincados corredores de su propia mente solitaria, donde nadie le puede alcanzar y nadie le puede salvar.

Yo soy el Congregador (parte 12/12)

Acuérdate de tu Fuente cuando eres joven,
antes de que lleguen los días ásperos y digas: “Ya no encuentro gusto en esto”.
Antes de que se te nublen el sol, la luz, la luna y las estrellas,
y vuelvan las nubes inmediatamente después de la tormenta.

Vendrá el tiempo en que los “guardianes de la casa” tiemblen —las manos—,
los hombres fuertes se encorven —las piernas—,
las moliendas cesen —los dientes— y las “ventanas” miren oscuro —los ojos—.
Las “puertas” hacia la calle se cerrarán —los labios—,
el zumbido del molino —los sonidos de la vida— se oirá bajo;
te despertarás con el canto de un pájaro
y las hijas del canto —la voz y la música— perderán fuerza.

Tendrás respeto a las alturas, recelo en las calles.
Florecerá el almendro —el cabello blanco—,
el saltamontes se arrastrará —paso corto, peso largo—,
la alcaparra ya no abrirá apetitos —se apagan los deseos—,
porque el hombre camina hacia su casa definitiva
y los de duelo pasan en silencio.

Antes de que se rompa el cordón de plata,
se quiebre el cuenco de oro,
se parta la jarra junto a la fuente
y se rompa la polea del pozo,
el polvo volverá a la tierra como era,
y el aliento regresará a Dios, que lo dio.

Vapor de vapores, dice el que convoca: todo es vapor.

Y sin embargo, además de hacerse sabio, el que convoca enseñó al pueblo;
pensó, indagó y recogió muchos proverbios.
Buscó decir palabras gratas y escribir verdades exactas.

Las palabras de los sabios son como aguijones,
y sus colecciones de dichos, como clavos bien puestos:
vienen de un solo Pastor.
En cuanto a lo demás, hijo mío, ahí va la advertencia:
no se acaban los libros, y mucho devorarlos fatiga el cuerpo.

Después de escucharlo todo, la conclusión es esta:
reverencia a Dios y vive sus mandatos; en eso consiste el ser humano.
Porque Dios traerá a juicio toda obra —también lo secreto—
para mostrar si fue buena o mala.

Entre tanto, recuerda a tu Fuente hoy.
Haz el bien, disfruta la porción que te toca,
y cuando el cabello florezca como almendro,
que te encuentre en paz.

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