Hace poco entré de nuevo en un Pull&Bear. Hacía muchísimo tiempo que no entraba. Recuerdo que, en mi adolescencia tardía y en mis inicios de la veintena, era mi tienda de ropa favorita. El estilo que vendían encajaba conmigo; me gustaba.
Sin embargo, todo cambió de un día para otro. No hubo tiempo de adaptación ni margen para asimilarlo. Un día entré en mi Pull&Bear de referencia y, de primeras, no entendí qué era lo que estaba viendo: pantalones cagados, sudaderas anormalmente anchas, colores chillones… “¿dónde está mi ropa?”, me preguntaba.
Y no era simplemente un cambio de gusto generacional. Eso no ocurre de un día para otro. Además, yo seguía siendo joven (21 o 22 años, quizá). No sé qué fue, pero desde luego Pull&Bear dejó de vender ropa interesante para mí. Y, desde entonces, para siempre.
Nunca más compré allí. Ni siquiera en esta última visita.
Deja una respuesta