He estado durante casi un mes en un proceso de selección de una empresa, en la que he pasado varias entrevistas (en remoto y presencial) y una prueba técnica.
Empresa, definámosla, «clásica»: de traje y corbata, de pelo engominado (sin ánimo de ofender) y de horario de 9:00h a 18:30h, parando una hora a comer. Empresa de la que los jefes necesitan ver sus empleados delante de la pantalla echa humo para sentir que facturan. Empresa de muchas décadas en la espalda haciendo el mismo negocio. Y ahora se han dado cuenta que necesitan digitalizarse. Que necesitan aprovechar el potencial de los datos y de la IA, y se lanzan a por la contratación de un perfil muy técnico. Necesitan «robarle» a una consultora IT un ingeniero.
Y claro, comienzan los problemas. El perfil de ingeniero que ellos necesitan está en un mercado que ofrece teletrabajo en un alto porcentaje. Ellos no conciben el teletrabajo.
El perfil de ingeniero que ellos necesitan trabaja por objetivos concretos, y mientras los cumpla, tiene flexibilidad horaria y otros beneficios. A ellos la flexibilidad les molesta.
El perfil de ingeniero que ellos necesitan tiene un salario muy por encima de la media de la empresa. Y no porque la empresa no tenga beneficios suficientes (los tiene de sobra) para aumentar esa media, si no porque con salarios bajos el escalón entre los jefes y los empleados es mayor. Ellos no conciben que el ingeniero entre con sueldo de jefe.
Yo no he podido aceptar esa oferta. Ellos no entienden que no van a transformar digitalmente la empresa con esa mentalidad anticuada y rígida.
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