Cosas que nunca te dije: carta de despedida a un amor imposible

por | 21 diciembre, 2015

Hola 1.27.10:

Te escribo este email a modo de despedida, ya que sabemos que nuestros caminos difícilmente volverán a coincidir. He de decirte que le he dado muchas vueltas a si escribirte esta carta que vas a leer ahora. Temo cómo te vas a tomar esto y qué vas a pensar de mí, pero me sentiría fatal si mi despedida fuera un breve y simple mensaje por whatsapp. Mi principal motivo para escribirte no es otro más que la necesidad personal de contarte algo que siento con sinceridad y que me cuesta mucho mantener oculto en mi interior. Permíteme por favor que lo haga así, ya que siempre he encontrado cierto refugio en las palabras.

Supongo que lo que te voy a contar no es una sorpresa a estas alturas, porque hay cosas que son difíciles de ocultar, por eso espero que el sentimiento que te transmitan mis palabras no sean de molestia u ofensa. No es ni mucho menos mi intención. Vaya de antemano que no te culpo de nada, así que por favor, tómate este email como el de un colega que tiene la confianza –y necesidad- de contarte algo sin esperar nada a cambio más que tu atención y algo de compresión.

Fue el pasado verano en una reunión a la que viniste con Juan a mi oficina la primera vez que nos vimos. Sentí un pellizco en el estómago cuando te vi aquella primera vez. La verdad es que no sé por qué pasó; uno esas cosas no las prevé y mucho menos las busca. Sé que apenas intercambiamos unas palabras aquella vez, pero algo se estremeció dentro de mí. A partir de entonces empezamos a coincidir más frecuentemente por temas de trabajo. Yo sentía la obligación de conocerte más y por eso quizás pude resultarte demasiado pesado o preguntón en algún momento sin pretenderlo. Supongo que habrá gente que sea capaz de auto anular esos sentimientos o de actuar de forma distinta. Yo no pude.

Aunque reconozco que rápido, no fue de un día a otro. Fue un proceso en el tiempo. Pero un día a finales del mes de octubre ya no podía dejar de pensar en ti. Ya sabes que dicen que el amor (palabra fuerte, lo siento, pero no se me ocurre otra) es una locura socialmente aceptada. Pues yo enfermé de esa locura. Posiblemente te preguntes cómo es posible llegar a eso, si ni siquiera éramos colegas y mucho menos amigos. O más probablemente no te preguntes nada y directamente pienses que soy un sociópata. Bueno, para tu tranquilidad (y la mía) te puedo asegurar que no lo soy. Simplemente sentí algo que no esperaba sentir. ¿Los motivos? No lo sé. El amor no es algo que se programe o se planifique para que entre en tu vida cuando uno lo desea. Pero si sé lo que me encogió el corazón: tu mirada, tu voz, tu forma de expresarte, tu sonrisa, tu forma de ser… incluso tu silencio. 1.27.10, capturaste mi alma desde el primer segundo. Irrumpiste sin saberlo ni quererlo en mi vida en un solo instante y derrumbaste todo lo que pensaba o había sentido anteriormente. Entiende que yo no puedo controlar eso. Simplemente pasó.

Realmente he sido todo el tiempo consciente de que esto no era bidireccional: sé que te hablaba pero mi voz no te llegaba. Mi corazón quizás quería que pensase otra cosa pero mi cabeza lo tenía claro desde el principio, ya que nunca me diste motivos reales para poder pensar otra cosa. Y si no fuera así y hubiera interpretado alguna señal donde no hubo nada, nuestra conversación que mantuvimos en whatsapp el 13 de noviembre (que en verdad creo que fue un malentendido) fue más que suficiente para devolverme los pies a la tierra. Sé que me metí dónde no me llamaban y eso llevó a que tu reacción fuera muy dura conmigo. No te negaré que me dolió, aunque supongo que fue lo mejor dadas las circunstancias. Desgraciadamente para mí, no pude dejar de pensar en ti. Y aún sigo haciéndolo.

¿Qué puedo hacer más que maldecir al azar o al calendario por no habernos encontrado en otra época o en otras circunstancias? Me hubiera gustado conocerte mejor, que tú me conocieras a mí, y estoy convencido que podríamos haber sido buenos amigos. Sólo eso.

Y eso es lo que quería decirte. Ahora toca despedirse. Por favor, piensa y valora (aunque sea un poco) que me he tenido que armar de bastante valor para contarte todo lo que he escrito; esto tiene para mí un precio a pagar de orgullo, dignidad e incluso dolor. Por ello, deseo que no sientas ningún tipo de molestia u ofensa por mis palabras, ya que como te dije al principio, no espero nada de tu parte a cambio de esto y por supuesto no te culpo de nada. Entiéndelo como una forma de desahogarme y de darte una explicación que personalmente necesito dar para intentar olvidar rápido y que cicatricen mis heridas cuanto antes.

Por lo que a mí respecta, entiendo y comprendo perfectamente que no sientas lo mismo que yo y que nunca lo sentirás. Pero a cambio, he de decirte que hay veces en que uno se puede permitir -y quizás hasta necesita- elegir voluntariamente nuevos amigos entre gente con la que conecta, sin la obligación de escoger amigos por fuerza entre aquellos que ya están ahí en sus círculos simplemente por la casualidad. Por ello, si puedes hacer borrón y cuenta nueva sobre lo que te he contado (difícil, lo sé), aquí me tienes como un colega para hablar, estudiar, tomar un café o lo que necesites. Y si no, te sigo deseando que te vaya muy bien y quién sabe, quizás volvamos a coincidir algún día.

Un fuerte abrazo 1.27.10.

Nota a los lectores: después de recibir esta carta, 1.27.10 me bloqueó en Facebook y Whatsapp. C’est fini.

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